Mi enojo es con la circunstancia, no contigo
julio 29, 2011
Ayer aprendí algo muy valioso: Mi enojo es con la circunstancia no con las personas, no conmigo, no con Dios.
Muchas veces creo que estoy enojada con quien “causó” las cosas, con el “culpable”, sea este alguien más o yo o incluso Dios. Hoy amanecí literalmente paralizada por un fuerte dolor de cuello. Hacía mucho que no me pasaba, y cuando me vi, nuevamente en esa situación, me enojé muchísimo. ¡Eso ya no me pasaba! – pensé. ¿Y ahora? - le grité al Universo llena de enojo y frustración. Se que esos dolores de cuello no son “tirones”, ni contracturas, ni nada que tenga que ver con algo físico. No. Son emocionales.
Y me enojé porque sigo siendo tremendamente vulnerable ante mis emociones, porque me siguen causando dolor, porque siguen rigiendo mi vida y porque yo quisiera que no fuera así. Yo quisiera tener todo bajo control, que nada me afectara, que, aunque mis planes se frustraran, mis sueños tomaran otra dirección, mis ilusiones no se cumplieran, yo siguiera estoica. ¿No es exigirme demasiado?
Hace poco, mis planes se frustraron, mis sueños tomaron otra dirección y mis ilusiones no se cumplieron y yo permanecí estoica. ¿Y quien paga el precio? ¡Mi cuello!
Aun cuando he “aprendido a sentir” aun me niego a hacerlo, aun me da miedo mostrar mi enojo y mi frustración, porque cómo es que “me atrevo” a no fluir, cómo es que no entiendo que la vida es así, cómo es que no tengo la suficiente fe como para saber que así es mejor. YA SE que es mejor! Ya lo sé, pero eso no obsta para que me frustre, me duela y me desilusione. No es falta de fé, es enojo porque mis sueños, otra vez, cambiaron de rumbo. Es enojo legítimo por sentir que, nuevamente, las cosas no son como me hubiera gustado y me TENGO que adaptar a como son. Esa eterna adaptación a que las cosas sean como son y no como me hubiera gustado. ¿Qué de malo hay en desear que se cumplan las ilusiones TAL Y COMO las imaginé? ¿Es tan malo?
ESTOY ENOJADA sí. ESTOY ENOJADA y sin embargo mi enojo no es contra alguien en especial. Estoy enojada con las circunstancias. Recientemente aprendí eso: no siempre hay un culpable. A veces, las cosas solo pasan, pero como yo necesito culpar a alguien pues agarro el primero que va pasando y si no hay nadie a la mano, pues entonces me enojo con Dios. Claro El siempre está a la mano.
En esta ocasión en que me cambiaron los planes, podría culpar a una serie de personas que ni siquiera conozco porque-según yo- no hicieron su trabajo o podría culpar a Dios porque El no hizo que esas personas hicieran su trabajo. Así, escrito suena bastante absurdo, pero eso es justamente lo que estaba haciendo. Tenía que haber un culpable a quien reclamar por mi desilusión. Y oh sorpresa! no lo hay.
Yo no sé si esas personas trabajaron hasta el cansancio y, de todas formas, no terminaron; y me queda claro que Dios no es capataz de nadie como para ponerlo a trabajar, así es que NO HAY CULPABLES.
Es solo el flujo de la vida que va generando circunstancias a veces favorables y otras no tanto. Estoy enojada con las circunstancias que no fueron favorables, que me obligaron a modificar mis planes y que el hacerlo me desilusionó y no supe manejar esa desilusión. La guardé en un rincón, no le dije a nadie – ni a mi misma- que ahí estaba. No quise ver que se había roto un pedacito de mi corazón y que me había dolido. La desilusión duele, a mí me duele y aunque la vida está llena de desilusiones yo todavía no me acostumbro a ellas.
Doy gracias a Dios por haberme dado la luz para darme cuenta de en donde estoy parada. Es un lugar que no me gusta. Y menos me gusta mostrar mis verdaderos sentimientos ante quien, yo supongo, que me tengo que mostrar estoica…
Pues ni modo, mostraré mi vulnerabilidad por mi bien, porque no tengo porqué ser quien no soy, porque no tengo que ser este ejemplo de fortaleza e invulnerabilidad – nadie me lo ha pedido- me mostraré, porque quien está cerca de mi merece saber quien soy, me mostraré porque merezco descansar y aliviar mis emociones y me mostraré, finalmente, por el bien de mi cuello que no tiene porqué pagar los platos rotos.
Hoy me siento desilusionada…esto también pasará… y mañana será otro día.